Nuestros Inicios en la Fabricación de Calzado Artesanal

Labrar la tierra en una isla soleada no es tarea amable. Para hacerlo, los hombre de campo del siglo XIX, inventaron un calzado optimizado para su árdua tarea. Utilizaron para ello las telas de los sacos rotos como apaño transpirable y fresco, una nueva demostración de ingenio y sostenibilidad de los menorquines. Con la llegada de los primeros vehículos motorizados descubrieron cómo perfeccionar su invento: las ruedas gastadas eran de un material idóneo para una suela de campesino. Gracias al caucho, sus sufridos pies quedaban protegidos de rocas, hierbajos, y ramitas afiladas. Dicha combinación completó su evolución hasta consolidar la avarca que conocemos en nuestros días, que mantiene su esencia humilde y práctica con el añadido del diseño y la ergonomía.

Castell es el sello de un linaje de zapateros. De una familia que, unida, levantó un taller artesanal en el que sus miembros suplían las carencias tecnológicas poniendo su alma en cortar, coser, y montar. De sus inicios en los aledaños de una finca rural, hasta la numerosa presencia con tiendas propias dentro y fuera de Menorca, se mantiene inalterada su pasión por el estilo de vida mediterráneo. Sea expresada mediante la avarca o a través de las nuevas líneas de zapato de diseño propio que florecen de sus centros de producción

Uno de los elementos diferenciales de Castell es la fidelidad a la artesanía. Casi treinta años después de su fundación se mantienen vigentes buena parte de las técnicas manufactureras que han singularizado sus productos a lo largo de tres décadas. La tecnología apoya una producción creciente, pero en ningún caso sustituye los procesos delicados que sólo unas manos humanas son capaces de culminar con el nivel de exigencia de sus fundadores. Al mimo a cada zapato nacido en Castell se añade la acurada selección de los materiales y el trato de los detalles de cada modelo. Dando siempre preferencia a la calidad, pilar básico de su razón de ser.